El primer viaje de muchos: Parte 1, Chinchilla de Montearagón

No sé cómo serán las primeras citas de la mayoría de la gente ni a dónde se dirigen para conocerse mútuamente, pero no estoy seguro de que hagan cerca de 500 kilómetros para recorrer tierras albaceteñas.

En mi caso, sí fue así. La primera vez que vi presencialmente a mi chico, después de su ya de por sí largo trayecto, nos dirigimos en coche hasta Chinchilla de Montearagón, no sin antes recorrer varios “pueblos” hacia el interior alicantino (con la envergadura de un pueblo alicantino, es decir, algunos como el caso de Elda, junto al continuo urbano de Petrer, suman una cantidad de habitantes similar a toda la provincia de Soria).

Del trayecto alicantino, además del tamaño de la conurbación mencionada, quizás lo que más me llamó la atención visual fue Villena. En transición entre el área levantina y la castellana, uno percibe sensaciones de ambas, que se volvían claramente castellanas conforme más avanzábamos en el trayecto.

 

screenshot_93

Nótese el cambio progresivo del color del terreno, ya evidente en Villena, captado desde satélite

 

Ya oficialmente dentro de la Comunidad Autónoma de Castilla – La Mancha, y tras un rato en el trayecto, lo que más me llamó la atención era la baja altura a la que se movían las nubes. Y es que ya eran 600 metros más de altura los que habíamos ganado desde que salimos de Crevillent, pese a lo llano que se había vuelto el terreno.

Ya en Chinchilla (y no sin fijarme en cómo gran parte de los presentes observaban la llegada de dos forasteros), dejamos el coche y empezamos a caminar por una localidad en la que se perciben la historia y la belleza a simple vista.

 

45638244_1173733099431413_8579308254499176448_o (2)
Vista de Chinchilla mientras subíamos al castillo

 

La subida mereció la pena por, entre otras cosas, las vistas que había desde allí. Pese a que el cielo tenía bastantes nubes, podía verse toda la llanura que rodea al castillo. Una escena muy familiar para las gentes castellanas que sin embargo maravillaba a unos ojos acostumbrados al relieve alicantino.

Son bellezas distintas, las de un terreno llano y las de uno accidentado. También las sensaciones que provocan en el observador. Personalmente, y constatado con mi compañero, un terreno llano allá hasta donde alcanza el horizonte transmite una fuerte sensación de libertad y espacio. Además, los distintos colores de las parcelas de campo me creaban un efecto similar al de estar contemplando algo pintado con acuarela.

45380290_1173733416098048_3063007170397208576_o
La cruz de Chinchilla

 

45463598_1173733379431385_5773010274361540608_o

Los cimientos del castillo bajan hasta una profundidad que asusta

 

Además del castillo, y de unas personas que estaban realizando una especie de reportaje fotográfico sobre ellos mismos en las cercanías, también tuve la ocasión de ver algunas cuevas que en Chinchilla (como en Crevillent) pueden llegar a utilizarse como vivienda.

Aunque las más evidentes eran las que se encontraban abiertas al camino y sin más construcción que el propio hueco en la montaña (aún así, ya en venta), también podían imaginarse viviendas que de una forma u otra aprovechaban la orografía para expandirse.

45522197_1173733339431389_7461231768025169920_o
Detalle de las chimeneas o tragaluces de una posible casa-cueva

 

Tras un rato, con un poco de viento que comenzaba a molestar junto con unas temperaturas que ya comenzaban a descender entrando la tarde, bajamos de nuevo al pueblo para continuar con un trayecto que proseguiría hasta el río Júcar, donde tendrá lugar la siguiente parte de este primer viaje de muchos: Las localidades de Jorquera y Alcalá del Júcar.

 

— Seguimos aquí

 

Chinchilla siempre tendrá para mí una carga emocional evidente, que junto a la belleza propia del lugar hacen que sea un sitio por el que, tarde o temprano, tendré que volver. Y espero que sea junto a mi compañero de experiencias, ya que con él Chinchilla, como el resto de lugares, siempre son más de lo que ya son de por sí.

 

 

Un pensamiento en “El primer viaje de muchos: Parte 1, Chinchilla de Montearagón

  1. Pingback: El primer viaje de muchos: Parte 2, Jorquera y Alcalá del Júcar | Fran Wolfo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .